miércoles, 28 de diciembre de 2016

Don Andrés: una experiencia agridulce

      El post del día de hoy tratará sobre un restaurante llamado "Don Andrés", un local al que siempre que tenemos la oportunidad, concurrimos. En general la experiencia siempre es muy buena, la comida deliciosa y el servicio es espectacular: en la puerta te reciben con la picada esperando en la mesa; la carta es amplia y cualquier plato que pidas -en general- es delicioso. Al finalizar la comida, como cortesía de la casa, traen trufas y lemonchelo, un detalle que nunca falla.

Pesca del día

Sin embargo, esta vez la experiencia no fue como suele ser. Hasta el momento de la comida el servicio era como lo es usualmente, pero al ordenar la sugerencia del chef, encontramos que no tenía el nivel que suele tener el restaurante. El plato era la pesca del día con un colchón de papas asadas, sin embargo, las papas parecían estar totalmente quemadas y recalentadas.

 


Al reclamar el plato, nos atendió una moza quien no había sido la misma persona que nos atendió el resto de la velada. La chica parecía molesta y al principio dudó sobre el reclamo, pero terminó cambiándonos el plato por otro diferente. Obviamente el plato llegó más tarde que los demás, pero eso suele suceder en cualquier restaurante. La misma moza dejó el plato en la mesa, siendo un poco descortés y sin disculparse, volvió a su trabajo.


Raviolones con salsa


El otro plato ordenado fue raviolones de puerro, muzzarella y hongos con salsa cuatro quesos. Como siempre, la pasta en Don Andrés es de los platos más ricos del lugar, por ende, el local no nos defraudó con eso. La pasta estaba espectacular y era casera, y la salsa acompañaba muy bien ya que no era muy fuerte y respetaba el sabor del resto del plato.

 
   

El resto de la noche fuimos atendidos por el mozo que nos atendió originalmente, brindando un excelente servicio como siempre, y siendo cortés.


En general, Don Andrés es de nuestros lugares preferidos para ir a comer en el Prado, no dejaríamos de concurrir solo por esta experiencia, pero de todos modos no fue de las mejores experiencias. El servicio siempre es muy atento, la panera viene con salsas y la picada incluye también, unas tostaditas de tomate y orégano. Las porciones son generosas y la relación precio-calidad es muy buena.



La ambientación es espectacular y tiene un estilo vintage, los techos están decorados con puertas antiguas y en las paredes hay un auto viejo y una bicicleta montadas.

Rango de precios: $400 o más
Estrellas: 

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